23 mayo 2018

Esto pinta mal

Editorial
Forum Libertas



Sigue la inanidad de la política del gobierno, atrapado por la inamovilidad eterna de Rajoy, el temor de sorpaso que anuncian las encuestas de Ciudadanos, el drama Cifuentes, el derrumbe del PP en Madrid y Valencia, y su minoría en el Congreso, que le hace perder todas las iniciativas (excepto el Presupuesto, que no es poca cosa).

El PSOE no puede, el PP oscila entre el no saber y el no querer, y se bloquea. Podemos espera, y Ciudadanos practica a fondo su querencia anti catalanista de la que nació y que tan buenos resultados le da como oposición al PP, y tan difícil le hará gobernar. En política todo lo que matas resucita.

El resultado es el bloqueo político, sin respuestas para la situación catalana, a menos que se considere la prisión una respuesta política. También significa una crisis institucional que poco a poco puede devenir en una crisis de régimen, i a la que contribuye con eficacia erosiva el feminismo de género y sus continuados embates contra la justicia, el último reducto institucional. 

Si acaba cayendo, apaga y vámonos. Los grandes problemas están intocados, y no se recupera la inversión en obra publica e I+D, el rendimiento escolar es francamente malo y el paro crónico alto. Mientras en el exterior el escenario cambia:

Petróleo de 55$ a 75$ y esto significa déficit, inflación y reducción del poder adquisitivo, reducción de crecimiento del PIB y por lo tanto menos creación de empleo. 

 El aumento de la tasa de interés del BCE aumentará el precio del dinero, mientras, en el horizonte, el Brexit no sabemos cuánto le costará a nuestra economía. 

La crisis argentina, que puede extenderse por América Latina debido a la fortaleza del dólar y el rendimiento de los bonos de los Estados Unidos, va a afectar a las grandes empresas españolas. 

En resumen, un escenario de futuro requeriría de otra mirada política.

Procurar el bien común sigue siendo una entelequia porque los partidos políticos solo viven para dos ídolos: las encuestas y el calendario electoral.

Renegados de Silicon Valley que pasaron a luchar contra la tecnología

José Antonio Luna
El Diario


"Las redes sociales están desgarrando a la sociedad", afirmó Chamath Palihapitiya, un antiguo alto cargo de Facebook, durante una charla para la Universidad de Stanford en 2017. 

El que fue vicepresidente de crecimiento de usuarios, un cargo precisamente dedicado a aumentar el número de personas registradas en la plataforma, echaba tierra sobre el que poco antes fue su trabajo. Y, aunque parezca contradictorio, no es el único tecnólogo que ha acabado luchando contra la tecnología.

Palihapitiya decía sentirse "muy culpable" por trabajar "en herramientas que desgarran el tejido social". Para él, los comportamientos estaban siendo "programados" sin que las personas se dieran cuenta. Por ello, en la misma conferencia decía que "no usaba esa mierda" y que controlaría a sus hijos para que tampoco "puedan usar esa mierda".

Como apuntan en The Verge, su crítica va más allá de las redes sociales y también ataca a todo el sistema de inversores de Sillicon Valley porque "inyectan dinero en empresas estúpidas, inútiles e idiotas" y no abordan temas "realmente importantes como el cambio climático o las enfermedades". Ahora dirige Social Capital, una asociación en California autodefinidos como filántropos, tecnólogos y capitalistas preocupados por, según ellos, resolver los problemas de la humanidad.

Las críticas de Palihapitiya se suman a las de Sean Parker, cofundador de Napstery el primer presidente de Facebook. Quien fue interpretado por Justin Timberlake en la película La red social, que narra los orígenes de la plataforma, transformó la idea de Zuckerberg en un negocio multimillonario. Varios lustros después de aquella odisea empresarial, declara en The Guardian que "solo Dios sabe lo que está haciendo [Facebook] con el cerebro de los niños".

El ejecutivo reconoció que explotaron "una vulnerabilidad de la psicología humana" y añade que trabajaron de forma consciente para que todas las interacciones tuvieran un efecto similar a la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la sensación de placer y recompensa en el cerebro. "Teníamos que dar un poquito de dopamina cada rato. O bien porque alguien había dado a me gusta o porque habían comentado tu foto", matiza.

Antonio García Martínez, exejecutivo de Facebook, es aún más extremo que los dos casos anteriores. La BBC señala cómo el empresario, a sabiendas de lo que ocurre en Silicon Valley, dejó su trabajo y decidió comprar parte de una isla en EEUU para construir un refugio donde "escapar y empezar una nueva vida".

Martínez afirma haber visto "cómo será el mundo dentro de cinco o diez años", momento en el que "las cosas pueden ponerse feas". Para protegerse de esa hipotética revolución, en la que "los tecnólogos vencerán a los políticos", ha sustituido las oficinas de California por una tienda de campaña y su ordenador por un rifle automático.

La "filantropía" de Zuckerberg contra el miedo

Parte del temor de García Martínez proviene de imágenes como la de Mark Zuckerberg paseando por el Mobile World Congress de 2016. Esta evocaba a una sociedad aterradora en la que, como si de Ready Player One se tratase, el mundo real quedaba desplazado por el virtual. Aquella instantánea generó más miedo que confianza, y para muestra de ello el comentario que encabeza la publicación original: "Maldita sea, esto es algo espeluznante".

Ahora, dos años después, el fundador y consejero delegado de Facebook intenta distanciarse de aquel futuro orwelliano introduciendo cambios para que las personas se sientan "más conectadas y menos solas". Al menos, esa es la teoría. En la práctica, el algoritmo de Facebook dará valor a "contenidos de amigos y familiares" por encima del de marcas o negocios para, entre otras cosas, no tener que asumir su labor como medio de comunicación.

Mientras que Zuckerberg comenzó el año 2018 proponiéndose "dar el poder a la gente" para "descentralizarlo de los gobiernos que vigilan a su ciudadanos", la red social emplea toda clase de trucos para recuperar al usuario que abandona su plataforma. Como indican en Bloomberg, una de esas tácticas es el envío masivo de emails para atrapar de nuevo a quien desde hace tiempo no entra en su perfil.

Pero no solo en Facebook cuestionan las implicaciones de la tecnología. Como informan en Hipertextual, también exempleados de Google lideran campañas contra las posibles consecuencias de las redes sociales. Por ello, Tristan Harris, antiguo diseñador ético de Google, ha creado un Centro para una Tecnología Humana ( The Center for Humane Technology) al que también se han unido trabajadores de compañías como Mozilla, NVIDIA o Facebook.

Estos no alertan contra un futuro apocalíptico derivado de la tecnología, como sí hace García Martínez, sino contra el tiempo que nos atrapan las redes sociales y la guerra por la atención que lideran Facebook, Twitter e Instagram. Para ellos solo hay una forma de modificar esta tendencia: con el diseño. Tristan Harris piensa se debe cambiar la experiencia de usuario a través de, por ejemplo, un botón que indique el tiempo se perdería mirando una foto en Facebook. "Pasaré aquí los próximos 20 minutos", indica en uno de sus documentos.

Steve Jobs y los zumos contra el cáncer


A la preocupación se suman otros gigantes tecnológicos como Apple. Tim Cook, director ejecutivo de la compañía, declaró el pasado mes de enero que "no dejaría a su sobrino estar en redes sociales". En la misma línea se situaba su fundador, Steve Jobs, al que una vez preguntaron si sus hijos estaban contentos con el recién estrenado iPad. "No lo han usado. Limitamos la cantidad de tecnología que usan nuestros hijos en casa", respondió al New York Times.

Pero la obsesión de Jobs llegaba más allá de limitar la tecnología a sus descendientes. En Hipertextual explican cómo el ejecutivo intentó curar su cáncer de páncreas a base de terapias alternativas como la acupuntura, zumos y complementos dietéticos sin ninguna evidencia científica.

A pesar de que todo su entorno le recomendaba lo contrario, el CEO estuvo nueve meses sin pasar por quirófano por considerar que la operación era demasiado invasiva. De nada sirvió que poco después se sometiera a un trasplante de hígado: el cáncer estaba demasiado extendido por su cuerpo.

El 5 de octubre de 2011, el día antes de la muerte de Jobs, Apple presentó el iPhone 4s. Al escenario salió un todavía desconocido (al menos para el público general) Tim Cook. Quién sabe si, de haber optado por otras vías, aquel lugar seguiría estando ocupado por el cofundador de la empresa con la manzana mordida. Por el contrario, pasó sus últimos meses de vida luchando contra lo mismo por lo que será recordado: la tecnología.

22 mayo 2018

Eutanasia o suicidio asistido

Monseñor José Ignacio Munilla
Religión en Libertad


Llama la atención la falta de debate social tras la aceptación a trámite en el Congreso de Diputados de la ley de eutanasia, presentada por el PSOE y aprobada con el apoyo de PNV, Podemos, ERC y PDeCAT. 

Lo curioso es que, mientras unos políticos propugnan la legalización de la eutanasia en respuesta a una supuesta demanda social, los expertos en cuidados paliativos -que son quienes atienden a los pacientes terminales- son los más reacios.

El pronunciamiento de las asociaciones de cuidados paliativos ha sido nítido: su objetivo es ayudar a vivir con dignidad hasta la muerte. Lo que incluye, además del alivio del dolor, el control de los síntomas y el bienestar psicológico y espiritual; pero en ningún caso la eutanasia y el suicidio asistido. Estos últimos vulneran la ética médica además de socavar la relación de confianza entre el médico y el paciente.

Rafael Mota, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, afirma: «Cuando un enfermo ingresa en cuidados paliativos te dice que así no se puede vivir. Cuando lleva un tiempo bien tratado, deja de pedir la muerte. Llevo 17 años viendo enfermos en estado terminal y sé que la gente no quiere morir; lo que no quiere es sufrir. Quiere vivir». 

Por su parte, Anne de la Tour, presidenta de la Asociación de Acompañamiento y Cuidados Paliativos de Francia, respondía recientemente a los 156 diputados franceses que han propuesto una ley similar: «Sería una ley escrita para los sanos, para apaciguar su miedo a un sufrimiento lejano y potencial, cuando los que están en situación real e inmediata lo que reclaman es que se cumpla la promesa de aliviar el sufrimiento, de un fin de vida que siga siendo vida hasta el final y de una muerte humana que no les quite nunca su dignidad».

Lo cierto es que la experiencia demuestra que la eutanasia termina siendo competidora de los cuidados paliativos. De hecho, en los países en los que se ha legalizado la eutanasia, disminuye la inversión en cuidados paliativos. Obviamente, es mucho más fácil recurrir al atajo del 'corredor de la muerte' que adentrarse en un acompañamiento más complejo. 

En nuestro contexto social, los cuidados paliativos han experimentado un avance espectacular en los últimos años, y todavía existe un gran margen para su mejora, ya que aún no están reconocidos en España como una especialidad.

La introducción de esta proposición de ley en España ha coincidido con la imposición de le eutanasia al niño británico Alfie Evans, en contra de la voluntad de sus padres. Se trata de un caso que ha abierto los ojos a una parte importante de la opinión pública europea: ¿la eutanasia es una elección libre, como afirman sus defensores, o, por el contario, en la práctica puede ser legalmente impuesta, como ha sucedido con Alfie Evans, con el pleno respaldo de los tribunales británicos y el de Estrasburgo?

Lo cierto es que la eutanasia introduce una dinámica de muerte, que resulta implacable. Revindicar el derecho a morir, cuando nuestra legislación ni tan siquiera ha sido capaz de reconocer el derecho a vivir del nasciturus, nos encamina hacia la eutanasia impuesta. Existen sobrados ejemplos en los países en cuya legislación se introdujo la eutanasia, en un primer momento, como una oferta voluntaria.

Por ejemplo, es un hecho constatado que la legalización de la eutanasia en Holanda ha provocado un notable desplazamiento de ancianos a otros países de Europa, por temor a que la eutanasia les sea aplicada contra su voluntad. 

Tampoco está de más recordar que el primer estado del mundo en legalizar la eutanasia fue la Alemania nazi, en septiembre de 1939. En la práctica, se convirtió en un recurso bélico para que el estado pudiese deshacerse de las personas consideradas como un lastre improductivo.

A la coincidencia en el tiempo del caso Alfie Evans, se ha sumado otra: el suicidio en una clínica de Suiza del anciano científico australiano David Goodall. Antes de suicidarse con una inyección letal, pronunció una conferencia en un hotel de Basilea, donde explicó que él era partidario de que pudiéramos decidir dónde y cuándo deseamos morir. 

Su caso, al igual que el de Ramón Sampedro, demuestra que la reivindicación de la eutanasia como un recurso reservado para las personas que padecen una enfermedad terminal esconde otra realidad: más allá de eufemismos, lo que verdaderamente se persigue es simplemente legalizar la práctica del suicidio asistido. Y llegados a este punto, es inevitable plantearse algunas cuestiones de alto contenido filosófico y teológico.

No existe el derecho a quitarse la vida. Y esta afirmación no solo es válida para aquellos que reconocemos en Dios al autor de la vida, sino para todo ser humano que toma conciencia de que la vida precede a su propia voluntad. El ser humano es un ser social, y su obrar no está exento de responsabilidad moral hacia el conjunto de la sociedad. Como decía San Agustín: «¡Yo soy yo, pero no soy mío!».

Y, por último, es necesario hacerse la pregunta sobre dónde se funda la dignidad del ser humano. ¿Acaso el enfermo tiene menos dignidad que el sano? Creemos firmemente quela dignidad es inherente a la persona, y que ni siquiera una enfermedad como el Alzheimer puede suprimirla. Y es que, la dignidad del ser humano no estriba en su salud, sino en su pontencialidad de ser amado incondicionalmente.

Publicado en Diario Vasco.

Una intervención armada en Cataluña

Rafael Dávila Álvarez
General de División (R.)
Blog G. D


Nada queda de España 

Tengo que contestar a los que me preguntan. Insistentemente. Muchos y de variados sectores. Interesa la opinión militar, lo que no es de extrañar. Aunque no haya opinión militar; una opinión militar. ¿O sí?

La Ley dice lo que dice: <>

Más claro agua. La hora y el momento de hacerlo depende, todo depende, y está claro de qué y de quién depende. Todo el mundo sabe que no de un espadón, ni de un parlanchín, sino de la soberanía nacional que reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Ya sabemos cuales son los poderes del Estado.

Pero claro, pasa el tiempo, las cosas cada vez se ponen más feas, aquí no manda nadie, tampoco obedece nadie, ni se cumple ni te hacen cumplir, solo con Hacienda, Europa nos burla burlando, Kosovo cada vez más dentro de Europa, como para fiarse, por mucho que Rajoy no asista a la cumbre UE-Balcanes, y la larga cambiada acaba corneando con tan malos toreros, diestros en mansos y salir de najas.

La integridad territorial está en peligro. Rota, resquebrajada, españoles enfrentados, un Parlamento en rebeldía, un golpe de Estado declarado, un presidente de la Generalidad golpista, independentista, ultranacionalista, xenófobo, racista, fundamentalista. Un acto de toma de posesión sin bandera española, sin retrato del Rey, ni representante alguno del Gobierno. Cualquier cosa menos España. Ni soberanía, ni integridad territorial ni ordenamiento constitucional. Nada, no queda nada de España. ¿De quién dice la Constitución que es misión? Sí, ya sabemos y hemos dicho lo que hemos dicho, pero…

Por eso la gente pregunta: ¿Qué piensa usted que va a ocurrir en Cataluña? ¿Cree que puede llegar a ser necesaria la intervención de las Fuerzas Armadas?

En primer lugar dejemos claro que se ha dado un golpe de Estado e implantado una dictadura, que todos vemos y vivimos, pero que los que deberían evitar, todos, suavizan, sonríen, dialogan, hacen chistes, gastan, desgastan y arruinan. En Cataluña ha habido una intervención que ha derivado en un golpe de Estado e impuesto una dictadura. 

No hay libertad para pensar libremente, para hablar, para estudiar, para poner un negocio, para expresarse con la seguridad de que nadie va a señalarte, para juzgar o para obtener una licencia. Allí manda el que tiene en una mano el membrete y en la otra la denuncia por español. No hay libertad y sí mucho miedo y enfrentamiento.

La dictadura catalana asusta y vas con miedo a que descubran tu españolidad. Así están las cosas con tendencia muy clara a empeorar. El juez Llarena tiene que ir con cuatro escoltas: <<Me miran siete veces en cada esquina>>.

Este catalán llamado Torra, el otro Torrent, y el de más allá, estos sí que son espadones, que han bombardeado Cataluña, sus bombas han penetrado en las más vitales entrañas españolas, hundiendo la flota, la del mar, la del aire y la de tierra. ¿Hasta Cuándo? Han dinamitado la convivencia y han acabado con la libertad.

Un centenar de jueces se han dirigido al presidente del Gobierno Mariano Rajoy pidiéndole que impida gobernar al nuevo presidente de la Generalitat debido a la derogación de facto de la Constitución en Cataluña y por estar sometidos a un poder público al margen de la ley. No escucha, no hace nada.

Sometidos a un poder al margen de la ley. Eso sí que es grave.

¿Qué piensa usted que va a ocurrir en Cataluña? ¿Cree que puede llegar a ser necesaria la intervención de las Fuerzas Armadas? Se repite la pregunta. No tengo la respuesta. Es indudable que todo es posible y todo puede ocurrir, hasta que sea necesario imponer el orden y la Ley. Lo dice la Constitución que gradúa los niveles dependiendo de la situación. Pero yo al interrogante que me plantean contesto con el peligro que supone el que haya una segunda parte. Esa que empieza dialogando con los golpistas y termina legalizando ese poder ahora al margen de la ley.

Lo que está claro es que ellos, los golpistas, han acabado con la libertad y de manera dictatorial mantienen la situación. Y no están dispuestos, a la vista está, a ceder lo más mínimo.

Europa odia a quienes se defienden y prefiere cualquier cosa antes que ver combatir a alguien por su libertad y su Patria. Aquí estamos a punto de perder la Patria, y la libertad hay muchos rincones de España donde se ha perdido, definitivamente.

¿Intervención militar? No sé si la Unidad Militar de Emergencias tendrá capacidad para retirar los escombros de estar ruina moral a la que nos encaminamos. Es una auténtica emergencia nacional.

El poder tiene recursos para todo… ofrece muchas posibilidades… Todo el secreto está en saber manejar los dispositivos legales”.

Ilusiones y lamentos

Juan Antonio Sagardoy Bengoechea
Revista de Prensa


Tengo como lema que «uno envejece cuando sustituye las ilusiones por los lamentos». Y lo creo profundamente puesto que si en nuestra vida no tenemos ilusiones caminamos hacia el vacío. 

Deja de interesarnos de verdad la vida. Y hablo de la ilusión como estado de ánimo de la persona que espera o desea que suceda una cosa grata. Se entiende aún mejor cuando se dice que una persona «no tiene ilusión por nada». 

Como bien decía Goethe, una vida inactiva es una muerte prematura. Siempre que ha venido a cuento en mis intervenciones orales he repetido que «siempre debemos tener algo que hacer, algo que desear y algo que amar». Son unas motivaciones vitales de primer orden. 

Y sin duda alguna tienen una repercusión en la duración de la vida y en la calidad de la misma. Esa posición anímica de que sólo esperemos de cada día el que llegue mañana es mortal. Como explica muy bien el profesor Rojas en su extraordinario libro «La Ilusión de Vivir», sin ilusiones morimos.

Es cierto que cuando tenemos problemas económicos, emocionales, familiares o de salud, es difícil estar con el ánimo alto. Pero es que precisamente por eso hace falta tener ilusiones que nos hagan superar esas situaciones de agobio, tristeza o desesperanza.

Es el mejor antídoto el pensar en algo que nos levante el ánimo, nos motive, nos consuele y en definitiva, en algo que nos ilusione. En contra de lo que decía André Gide, la vida no es una pasión inútil. Es una pasión creativa y creadora, animosa y animada, ilusionante e ilusionada, pero siempre con el espíritu vivo empujando hacia lo que aún tenemos que hacer de modo positivo. Y cuando sea el dolor físico, la enfermedad, la que nos atenaza, hay que buscar el alivio espiritual dentro de las creencias de cada uno.

La vida es finita, desde luego, pero el milagro se produce cuando dejamos el mero «existir» y pasamos al profundo «vivir». Y así como la «existencia» se puede terminar antes del fin de nuestro paso por la tierra, la «vida» podemos mantenerla viva hasta el último instante. Y esa vida, desde los inicios de la misma, se compone de proyectos, deseos, afanes e ilusiones. Desde nuestra infancia tenemos por delante abierto el libro de nuestra vida que la podemos escribir con ánimo o con pereza. 

Todo es cuestión de ilusionarse. Cuál va a ser mi vida profesional, el tener una familia, el ver crecer a tus hijos y nietos, los amigos, los viajes, los buenos ratos de cada día y tantas y tantas cosas que nos deben empujar hacia adelante. Hay que enfocar todo lo que hacemos con las tres «es»: empatía, energía y entusiasmo. Y lo bueno, además, es que resulta gratis. Es todo labor del espíritu y de la cabeza. Decía un buen amigo que consuela mucho pensar que «nunca pasa nada, y si pasa, no importa, y si importa, qué pasa».

Hay una parcela en nuestra vida de gran importancia, y es nuestro trabajo, nuestra profesión. Obviamente, el que desgraciadamente está en el paro tiene una problemática distinta en la que no voy a entrar. El trabajo tiene un primer componente esencial para ser feliz y es que nos guste. Y para ello, aparte de otras circunstancias, es muy importante nuestra disposición anímica. Todo puede gustar si nos empeñamos en ello y profundizamos en el sentido de lo que hacemos. Como anécdota, siempre me acuerdo de un amigo en Pamplona que trabajaba de taquígrafo y ¡le entusiasmaba! Me impactó mucho, y comprendí que lo sentía porque dominaba el asunto. Lo que no conoces no puede gustarte.

También resulta muy positivo el pensar cuando trabajamos en que vendrá el tiempo no laborable, de descanso, de hacer cosas distintas, de gozar de tiempo libre. Como dice Ortega y Gasset, hay una vida laboriosa y otra felicitaria. Y es llamativo que cuando trabajamos decimos que estamos «ocupados»; es decir, no disfrutamos de libertad. Esta solo viene cuando nos gusta lo que hacemos, y porque nos da la gana. Pero aun siendo cierto, hay muchos casos en los que se es feliz trabajando y eso depende de nuestro estado de ánimo, de nuestra ilusión en hacer cosas, en hacerlas bien, en cumplir nuestro deber.

Otros capítulos importantes en nuestra vida son la familia, los amigos, los viajes. Todo ello es el contrapunto de la vida laboriosa. Es la vida felicitaria. Pero lo es si uno lo cultiva y lo adereza con la ilusión. La familia bien estructurada –lo cual hay que trabajarlo– es una fuente de alegría y satisfacción que nos debe llenar la vida. Los amigos son parte primordial de nuestra existencia, son una importante razón de vivir. Como dice mi amigo Rodríguez Burdalo, «qué es el tiempo? Es un algo que pasa en la vida, que pasa deprisa, que se lleva cosas, afectos, personas, como un río aguas abajo. Y en esa orfandad y desnudez sólo nos quedan nuestros recuerdos y nuestros amigos». Y con ellos hay que practicar el dar sin recordar y el recibir sin olvidar.

En el reverso de la ilusión está el lamento. El lamento es un no vivir. Es una impotencia, un rendirse ante la vida. Es estéril y paralizante. Por eso hay que huir de él como de la peste y buscar el agua fresca de la ilusión.

Aunque el tema excede de este artículo, hay que mencionar la importancia de la ilusión en nuestra vida en común. La ilusión de hacer algo colectivamente. El entusiasmo, el orgullo de nuestra tierra. De sus valores, de su historia, de sus hazañas históricas. Es algo que depende en gran medida de los gobernantes, que deben transmitirnos algo más animoso que el mero cumplimiento de la Ley.

Que no sea solo el fútbol y la selección nacional la que nos lleve al legítimo orgullo de ser españoles. Si algo podemos aprender del nacionalismo excluyente y rupturista –el principal escollo de nuestra convivencia e identidad– es que han sabido inocular a sus seguidores una visión ilusionante de sus propósitos, de su tierra, de sus razones. Los han galvanizado. Hasta el punto de hacerles muy poco permeables a otros razonamientos. De ahí la dificultad de convencerles de su sinrazón. 

Pues eso mismo es lo que debe estructurar a todos los españoles. Su orgullo de serlo, el apego a su historia. Su ánimo de trabajar para hacerla más grande, más próspera y más plena de valores. Para lograr esa ilusión colectiva es fundamental el impulso de los gobernantes que han de poner metas y fomentar la ilusión de conseguirlas. Los que gobiernan nos tienen que dar bienestar material, pero también proyectos comunes ilusionantes con métodos y modos democráticos y no dictatoriales, como ocurrió en los albores de la II Guerra Mundial.

Los líderes deben galvanizar a los ciudadanos, ilusionarlos y empujarlos a conseguir metas que vayan más allá del cumplimiento de la norma.

Publicado en ABC el 20/05/2018

La vergüenza de España

Hermann Tertsch
ABC


José Luís Rodríguez Zapatero dice no tener dudas de que las elecciones presidenciales de hoy en Venezuela, convocadas, dirigidas, orquestadas y controladas en su recuento por la dictadura criminal de Nicolás Maduro para garantizar la continuidad de Nicolás Maduro son unas elecciones limpias.

Y está molesto con la UE, con la OEA, con EE.UU., con la oposición democrática venezolana y con los obispos y presos políticos venezolanos porque «ven estas elecciones con prejuicios». Prejuicios lo llama. 

Somos muchos españoles los que ante cualquier venezolano nos disculpamos por la profunda vergüenza que suponen las actividades infames de Zapatero en Venezuela. Incluso quienes nunca nos dejamos engañar por este personaje en su devastador paso por la historia de España estamos sobrecogidos por su aventura venezolana. Hasta quienes siempre denunciamos que tras su insufrible ternurismo de palabra no había sino una implacable voluntad por imponer su conveniencia pasando por encima hasta de presos y cadáveres, nos sorprendemos por el cinismo que despliega como agente de los intereses del narcodictador. 

Estupefactos ante su permanente escalada hacia nuevas cotas de ignominia. Algún día quizás se sepa qué oscuros intereses le compensan a Zapatero el caminar con tanto aplomo por la senda del peor deshonor. Y por qué aun no ha sido desautorizado por el gobierno español.

Frente a Zapatero que ayer ayudaba una vez más al engaño para la perpetuación de la dictadura criminal, frente al criminal Maduro y al triste figurante Henri Falcón, el monigote colaboracionista necesario para esta patética farsa de cartas marcadas, están las figuras de la dignidad nacional. 

Son las que llaman a quedarse en casa y negar voto y legitimidad a la farsa orquestada para la continuación de este régimen que ha sumido en el hambre, la miseria, el terror y la humillación al país otrora más rico del continente. 

Hoy, pese a su exuberante riqueza natural, pese a las mayores reservas de petróleo del mundo, es el país más miserable del continente con Haití en peor condición que la esclavizada Cuba, cuyo régimen comunista controla y dirige al pelele de Maduro. Solo el socialismo es capaz de tan inaudito balance que equivale a convertir oro en basura.

El frente de la dignidad lo dirigen lo mejor del país, desde esa gran mujer que es Maria Corina Machado al episcopado, una de las pocas fortunas que quedan a los venezolanos. Una iglesia valiente, eso tan infrecuente en otros lares. 

El arzobispo de Barquisimeto, Antonio López del Castillo, llama a los cristianos a boicotear las elecciones que califica de «fraudulentas, ilegítimas e inconstitucionales». «No se presten a esta burla, no voten al que les roba». Monseñor pide enfrentarse a la «dictadura criminal». «Todos los que participan son tan traidores como los mismos delincuentes en el poder». 

Aunque nunca compense el mal causado, sepan los venezolanos que millones de españoles nos unimos hoy a la trinchera de la dignidad y la verdad de Venezuela frente a las mentiras interesadas de la lamentable figura de Zapatero, esa vergüenza de España.

20 mayo 2018

Católicos: no tengáis miedo

Eulogio López
Hispanidad


Los curas tienen miedo a hablar claro. Los laicos cristianos también. 

Esta es una de las notas dominantes del cristianismo actual, envuelto en eufemismos y soserías. 

Pensamos que con ello no provocaremos menos rechazo y lo que provocamos es más desprecio.

Dos consejos para el católico actual:
  1. No callar ni debajo del agua.
  2. Más vale ponerse una vez colorado que veinticinco amarillo. Vamos que no viene nada mal escandalizar un poquito al mundo. Y se logrará ese escándalo para bien siempre que se recuerden las verdades primigenias de la fe. Por ejemplo, cuando se hable de Cielo e Infierno, tabúes hoy prohibidos.
Católicos: no tengáis miedo porque encima si somos miedosos, nos despreciarán los hombres y nos negará Dios.

Con un “No tengáis miedo” comenzó su pontificado Juan Pablo II, en 1978. Hoy necesitamos que nos lo recuerden de nuevo. En la etapa en la que ya hemos entrado, mucho más.

Más sobre bienes inmuebles

José de Cora
Bitácora de Cora/El Progreso


Montero.- Y todo alicatado hasta el techo.
Iglesias.- ¡Lo que tú digas! 
Garzón.- ¡Son cuatro cuartos de baño! 
Errejón.- ¡Villa Meona Dos!
Mayoral.- Cuatro por dos, ocho y una que me llevo…¡Podemos pagarlo!

El papel todo lo aguanta, pero como hoy en día son tan importantes las comparecencias delante de las cámaras como los comunicados, el político chungo se ve en la obligación de mejorar otra técnica en paralelo, cual es la cara dura todo lo aguanta.

Ésta es más complicada, porque la sangre que se altera con las vergüenzas sube al rosto y lo tizna con un palio sonrosado de luz crepuscular.

Y es entonces, al decir que el chalet te lo compraste para demostrar que la economía debe estar en manos de la gente y no en manos de los mayordomos de los poderosos, cuando las mejillas se deberían poner como narices de payaso, porque en ese momento, querida, tú eres el poderoso y tus mayordomos son tus votantes, pues mientras no se demuestre lo contrario, lo único que has producido a España desde tu nacimiento son gastos.

Para alimentarte, para educarte, para vestirte y para sentarte en un escaño del que te marchas cuando te sale del mesenterio. Gastos que los impositores asumimos con resignación, a la espera de que algún día fructifiquen en algo útil, pero que a lo mejor tus votantes no ven con tanta conformidad, si los consideran incoherentes, suntuarios o disolventes.

Para evitar que se te note necesitas, o bien una mano de titanlux esmalte paredes, o bien un concienzudo entrenamiento a base de mentirte un poquito más todos los días. “Le he dicho un millón de veces que yo no me repito”.

Solo así, con el esfuerzo de mentiras continuadas sobre las más diversas materias, puedes enfrentarte un día en sede parlamentaria a preguntas sobre tu chalecito y contestar con desvergüenza feldespática que se trata de estrategia revolucionaria para demostrar que el dinero no está en manos de los mayordomos de los poderosos, sino en las tuyas. Ole tus epiplones.


Dormir menos y soñar más

Santiago Panizo Orallo
CON MI LUPA


José Antonio es un joven estudiante de periodismo, que va por la vida con el alma a flor de piel, los ojos cegados de inquietudes vivaces y los brazos abiertos a los cuatro puntos cardinales de su vida y de su historia. 

Esta mañana me pasa Elena, su madre, uno de sus principios o quizás mejor lemas de vida y afán. El que me sirve de guía para estas reflexiones: “Dormir menos y soñar más”. 

Cinco solas palabras que darían para meditar un mes y quedarse a medias: de sugerentes que son. No extrañe por eso que me tienten a ver y leer en ellas algo de lo que José Antonio quiso decir al asociarlas a la expresión de sus anhelos de juventud.

Al oír de labios de mi enfermera este lema de vida de su hijo, lo anoté de inmediato porque –al oírlo- me sugirió pensares de inusitados acentos y cantares de juventud inconformista, rebelde y audaz. En el mejor sentido de las palabras, tres cualidades que siempre tuve como definitorias del joven que se tenga por tal y se precie de serlo y no sólo de parecerlo.

Y casi a la vez que anotaba las cinco palabras, evocaba dos letrillas de mi poeta favorito, A. Machado, en cercana consonancia con ellas. Esa que dice: “Si vivir es bueno, es mejor soñar, y mejor que todo, madre, despertar”. Y esa otra más cabalística y retadora: “Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa: Adivínala”, que en sus Complementarios aún tiñe el poeta con otra variante:”Entre el vivir y el soñar está lo que más importa”.

Si dormir a destajo puede ser oficio de marmotas y soñar con los ojos abiertos, cosa de ilusos o saltimbanquis, al escuchar la frase “dormir menos y soñar más”, no pienso en las marmotas, ni la cuadro con las ilusiones vacías ni con saltos en el vacío. No. 

Si “dormir menos” lo tomo como el reto de ir por las vida con los ojos bien abiertos, es decir, sabiendo lo que se quiere y desean verlo realizado, lo que “soñar más” lo considero manjar de ilusiones y aspiraciones y no tengo por “soñador” al que, al echar pie a tierra cada amanecer, tras frotar los ojos para tomar posición y alejarse de pesadillas, encauza el día por caminos de tierra, como han de ser los que toca recorrer a todos, pero adobados con ilusiones y aspiraciones. 

Porque soñar es ilusionarse cada minuto con aquello en que uno cree; y –con las ilusiones de la mano de la vocación y los potenciales- ir hacia lo que debe hacerse para soltar paso a paso lastre de inmadurez y crecer sin pausas innecesarias hasta el “hombre nuevo” que todo ser humano -en el fondo- quiere ser. 

El que duerme demasiado no va lejos al despertar; sin embargo el “soñar” siempre con “ser más” puede hacer que, a la hora de la verdad, se tenga lo justo y necesario para ser uno mismo y no ser comparsa en unos perennes e ilusos carnavales. No se puede ser máscara sin dejar de ser hombre.

El siglo XX declinaba y sus sombras opacaban muchas de ilusiones que se perdían a la esperanza tras los dos grandes fracasos del progreso que fueron en su primera mitad los horrores de las dos guerras mundiales. El alivio que pudo representar la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de 1948, fue papel brillante que poco a poco se puso amarillo de tanto ponerse al sol. 

Pronto, nuevos signos de los tiempos traerían hacia debajo de las esperanzas, sembrarían nuevos campos de minas y la marca “post” pasaría a rotular muchos escaparates de final del s. XX. Post-modernidad; globalización y mundialización; multiculturalismo; post-verdad; post-cultura; post-humanidad, etc. 

La marca “post” -con su cortejo de falseamientos y sucedáneos para casi todo, desde la coca-cola hasta la verdad, la libertad o la misma justicia- se iba a convertir en sinónimo de “liquidación” o puesta en crisis sin recambios equivalentes las escalas de los valores que, hasta entonces, mal que bien, habían vertebrado la sociedad en Occidente.

Los sociólogos actuales –muchos de ellos cuando menos- no dejan de contrastar la “liquidez” con la “solidez”; y conceptos como el amor líquido, la sociedad líquida, la verdad líquida se hacen de curso legal en la sociología, por ejemplo, del renombrado Zigmunt Barman, que observa en ellos las barricadas culturales del s. XXI. Las tiendas del “todo a cien” parecen ser hoy el escaparate real de nuestra más que azarosa sociedad post-moderna.

Coincidiendo con Mayo del 68 y los “affiches” de sus augurios liquidadores y cuando ya se vislumbraban cercanos los aires de la post-humanidad –por los años sesenta del siglo XX-, comenzó a publicarse en Francia una colección, editada por Albin Michel, con formato de “Cartas abiertas”: a los conspiradores, a la Justicia, a Dios, a los ídolos, a los teólogos, incluso a Salvador Dalí escrita por él mismo. 

Se anunciaba que no eran ni para timoratos, ni parta satisfechos, ni para los seguidores del Dr. Pangloss. Eran Cartas para llamar a las cosas por su nombre, para disparar flechas y atacar lo que merece ser atacado y para ponwer los puntos sobre las ies, y sin faltar a todo ello su puntito de humor, esa pizca de salero que tan bien sienta cuando se habla o escribe para gentes de inteligencia.

Una de ellas era dirigida a un hombre joven y su autor era nada menos que el académico André Maurois. “Carta abierta a un hombre joven sobre el modo de conducir la vida”, era su título completo.

Desde aquel año 1966, en que la compré en una librería de Biarritz, infinidad de veces la he repasado, y mis glosas y subrayados casi ciegan las letras del gran ensayista francés. Me encanta su lectura porque veo en ella un auténtico vademécum para el mundo juvenil de nuestro tiempo; para quienes –ellas y ellos- aspiran hoy mismo a “dormir menos” y a “soñar más”, si por “dormir menos” se entiende no ser marmota, veleta o “forofo” de nadie, y “soñar más” equivale a “despertar” del sueño cada mañana con ilusión renovada de “ser algo” más que ayer para “tener” todo o parte de lo que se ha soñado al decidirse a poner la vida y la historia de cada uno a la carta cierta de lo que cada cual ha de hacer cada día para ser hombre y no bestia. Y esa carta o se juega con acierto antes de la edad de la madurez o se pierde la partida.

Comienza su Carta el gran escritor francés con una confesión de intenciones. Yo tengo ochenta años y vosotros, veinte. Todos hacen elogio de vuestras dotes y buenas cualidades. A pesar de ello, me pedís consejo. Ello me sirve de placer y me lo propongo darlo evitando plegarme a modas intelectuales y renunciando a fáciles jerigonzas seudo-filosóficas, aunque esta actitud pudiera privarme de la confianza de adolescentes fácilmente sugestionables por el mero son de las palabras. Me encanta pensar en la juventud y en sus cosas. Por ello, “j-e vais essayer de faire avec vous un tour d’horizin” .

Y se suelta con una feliz y elegante exhortación al optimismo. No es un absurdo nuestra existencia, comienza diciendo. Existe sin duda el absurdo sobre esta tierra y en esta hora. Hay dichos y hechos que son absurdos porque van contra la razón. Hay leyes absurdas porque insultan al “sentido común”. Pero que todo sea un absurdo es en sí mismo un absurdo.

 El mundo es lo que es, un punto de partida, una base, un dato en la vida e historia de cada uno. Son los hombres quienes lo hacen bueno o malo, satisfactorio u hostil. “Il ne veut rien” . Sería milagroso que las cosas fueran de otro modo, siendo los hombres como son en realidad.

Y como no da para más este ensayito con las reflexiones de hoy, dejo para otro día otros pasos de esta “Carta abierta a los jóvenes” con la que, un día del s. XX, cuando ya pintaban bastos sobre las promesas de la Ilustración y cundían los pesimismos, aquel octogenario escritor plantó como un reto de posibilidades, a pesar de todo, ante la mirada de una juventud que se resiste a dejar sus armas de ilusiones, rebeldía y audacias nobles. 

Como son apuntes que merecen la pena hasta para jóvenes de cualquier edad que, a pesar de la paradoja y el contraste de dormir menos y soñar más, he de volverme sin tardar mucho a las glosas de la oportuna misiva de A. Mauriac para mediar entre el pesimismo y el optimismo posibles en u a juventud no siempre bien pagada de su destino.

Pero no he de cerrar esta reflexión sin dos remembranzas; una de comprensión de los declives y otra de emulación y freno a la vez. Otra letrilla de mi poeta favorito, la que dice, “Qué difícil es, cuando todo baja, no bajar también!”. Por esa casi inexorable tendencia me halagan las cinco palabras de José Antonio, por lo que tienen de insurgencia contra el “dolce far niente”

Y ese otro dicho, de tanta sabiduría y temple que -salvando la rebeldía de la juventud la pone sin embargo en guardia frente a las aventuras desfasadas. “El que a los 20 años no fue revolucionario es que nunca tuvo corazón; pero que el que a los 40 lo sigue siendo es porque le falta cabeza”.

Querido José Antonio, joven alevín de ideales cuajando en “menos dormir y más soñar”. Gracias por la oportunidad que me das con tus cinco palabra mágicas de tu vida e historia. Y ¡ánimo! 

Que menos dormirse soñando quimeras y más despertar de ellas; menos soñar despiertos y más atinarse en sembrar rebeldías cuando hay que ser rebeldes y corduras cuando la falta de cordura equivale a la necedad es aire puro de buena y alegre juventud. 

Y andar despierto por la vida para que no te tomen el pelo los de la marca “post” bien puede ser clave para no irse nunca de la juventud. Es posible. “Aurrera!

Indignidad

Juan Manuel de Prada
Religión en Libertad


Nunca fue Cristina Cifuentes santo de mi devoción; me atrevería a decir, incluso, que siempre me suscitó la misma aversión (de la que rendí cuenta en numerosos artículos).

Su puritanismo, que la impulsaba a aparecer ante los ojos de la ‘opinión pública’ como epítome de la limpieza y la honestidad en medio del albañal de la política española, siempre me resultó abyecto.

Personificaba a ese tipo de político que ha dimitido de todos los principios, sustituyéndolos por un afán de medro que la llevaba a abrazar los principios (casi siempre erróneos) que nuestra época consagra, como exigencia de triunfo. Y, en fin, era uno de esos políticos tan tristemente abundantes en la derecha que, en su afán de postureo ante la galería, está dispuesto a desatender e incluso humillar a sus propios votantes. 


El escándalo de su máster de tócame Roque no varió apenas la pésima consideración que Cristina Cifuentes me merecía. Pero el método que se utilizó para finalmente defenestrarla me parece de una indignidad inigualable.

Y muy delator del nivel de indignidad en el que chapotea nuestra época. No es legítimo destruir a un ser humano como se ha destruido a Cristina Cifuentes. No hay derecho a que se divulgue arteramente un vídeo como el que ocasionó su definitiva expulsión a las tinieblas. No es moralmente admisible esa colusión del periodismo carroñero y el revanchismo político. 


Pero tal aberración se ha producido, como si tal cosa, ante los ojos engolosinados de una sociedad que se refocila en el fango. Porque sólo una sociedad enfangada puede aceptar como si nada que se divulgue, siete años después de su grabación, un vídeo que la ley exige destruir a los treinta días. 

Sólo una sociedad que se ha acostumbrado a respirar el aire de la pestilencia puede soportar que se exhiban las miserias del prójimo para destruirlo; y no unas miserias cualesquiera, sino miserias muy dolorosas, que a buen seguro –las haya superado o no– habrán provocado a quien las padece infinitas tribulaciones. 

Si aún quedara un ápice de dignidad en nuestro país, el periodismo basuriento que divulgó esas imágenes habría sido puesto en la picota; y si nuestra casta política no chapotease en el lodazal de la degradación se habría de inmediato revuelto contra esta indignidad y promovido una investigación que condujese a la cárcel a los conjurados. El único al que escuché palabras magnánimas hacia la víctima y feroces hacia los artífices de este desmán fue, dicho sea en su honor, Pablo Iglesias.

Naturalmente, este vídeo no se habría podido mostrar sin la aquiescencia de muy elevadas instancias de poder. Pero aquí nos interesa preguntarnos por el clima moral que admite tales abyecciones. Hace casi un siglo, un hombre famoso dijo –y se equivocaba– que España había dejado de ser católica; quien hoy repitiese esa frase acertaría plenamente. Pues si hay algo constitutivo del ethos católico –frente al ethos puritano– es la mirada misericordiosa sobre los pecados ajenos, que nunca son peores que los nuestros; y la certeza de que cualquier persona, por muchas vilezas que haya cometido, puede convertirse en una persona nueva, puede redimirse y tiene derecho a que nadie le recuerde su pasado.


Este ethos católico tan característico de los españoles de otras épocas (con independencia de que fuesen o no creyentes) habría provocado al instante un implacable repudio social ante la exhibición de ese vídeo infame; y habría desatado una cólera unánime frente a los miserables que propiciaron su divulgación. No se nos escapa que la propia Cristina Cifuentes, con su empeño desnortado por adherirse a todas las ideológicas en boga y su puritanismo estomagante, ha contribuido a la disolución de este ethos católico; y no faltará quien piense que en el pecado lleva la penitencia. Pero quien tal cosa piense ya ha sido atrapado en las redes del puritanismo. 

En la trastienda de ese vídeo hay mucho dolor, tal vez incluso tendencias morbosas que sin duda habrán causado ingente sufrimiento a quien las padeció o padece; en la trastienda de ese vídeo hay una persona en lucha con una pulsión autodestructiva que requiere Dios y ayuda –mucho Dios y mucha ayuda– para ser vencida. 

El daño anímico y moral que a esa persona se le ha infligido divulgando semejante vídeo es monstruoso: sólo alimañas de la peor especie pueden brindarse a tal tropelía; y sólo una sociedad dejada de la mano de Dios puede aceptarla.

Me he avergonzado de ser español en estos días. Extraviado su ethos católico, España es hoy una cochiquera donde se refocilan los puritanos y los desalmados.

Publicado en XL Semanal.

Catarsis en Chile

Santiago Martín
Católicos ON LINE


La llamativa decisión de los obispos chilenos de poner sus cargos a disposición del Papa, responde a la no menos llamativa decisión del Pontífice de llamarlos a Roma para mostrar al mundo la seriedad con que la Iglesia en general y él en particular se toman la cuestión de la lucha contra la pederastia.

Los acontecimientos que originaron esta sorprendente medida se remontan a los abusos cometidos por un sacerdote chileno, Karadima, y por otros clérigos menos conocidos. El encubrimiento de aquellos delitos por parte de algunos prelados, muy próximos al culpable, llevó a las víctimas a hacer cada vez más mediático su caso. 

El punto álgido se vivió durante la todavía reciente visita del Santo Padre a Chile, durante la cual Francisco descalificó duramente a los denunciantes. Aquello generó una ola de protestas, encabezadas por el cardenal norteamericano O’Malley, que no concluyeron hasta que el Papa pidió perdón humilde y públicamente a las víctimas, tras enviar dos delegados suyos al país andino y recibir el informe de la investigación.

Era evidente que no bastaba con eso y también era evidente que, dado el alcance mediático que había tenido el hecho, había que hacer algo que estuviera al mismo nivel. Esa es la causa de que se pusiera a toda una Conferencia Episcopal en el banquillo de los acusados a los ojos del mundo. 

Los obispos chilenos han demostrado estar, ahora sí, a la altura de lo que se esperaba de ellos y, en bloque, han puesto sus cargos a disposición del Pontífice, lo cual no significa que sean todos culpables. Siguen todos en el pleno ejercicio de sus funciones, hasta que el Papa decida a quién le acepta la dimisión. 

En breve se conocerá el nombre de algunos de los afectados, que podrían llegar hasta once e incluir no sólo a monseñor Barros -el más polémico-, sino incluso al nuncio en Chile.

Lo ocurrido estos días es un ejercicio de catarsis que busca no sólo la purificación de la Iglesia chilena, sino servir de referencia a propios y extraños. 

Esta por ver si es suficiente para devolver a la muy herida comunidad católica de ese país la vitalidad necesaria. Posiblemente esto no baste, pero a nadie le cabe duda de que era una medida imprescindible y urgente.

¿Está ya Cs a la altura de Vox?

Guillermo Dupuy
Libertad Digital


Aunque algunos parece que lo hayan olvidado y otros no quisieran que se sepa, conviene recordar que Albert Rivera y su partido siempre se negaron a suspender la Administración autonómica en rebeldía a pesar de la antelación y la claridad con que sus gobernantes golpistas tuvieron la gentileza de anunciar la celebración de las delictivas consultas secesionistas del 9-Nde 2014 y del 1-O de 2017.

También conviene recordar, frente a tanta desmemoria sobrevenida o mera ceguera voluntaria, que los representantes de Ciudadanos tampoco propusieron condicionar en ningún momento los fondos extraordinarios que el FLA destinaba a la Administración catalana a una retractación pública y un compromiso verificable de acatamiento del orden constitucional por parte de sus gobernantes golpistas.

Al igual que el PP de Rajoy y el PSOE de Pedro Sánchez, conviene recordar que el partido de Rivera, a lo largo de estos casi seis años de abierta rebelión institucional en Cataluña, tampoco se ha personado ante los tribunales contra los golpistas, como sí hicieron –aunque ya fuese en la segunda fase del procés– UPyD y, sobre todo, Vox.

Así mismo, convendría recordar cómo Ciudadanos fue un calco del PP de Rajoy y del PSOE de Sánchez a la hora de silenciar y ningunear las manifestaciones celebradas en toda España contra el procés que precedieron –y digo bien, precedieron– al tardío pero espléndido y decisivo discurso del Rey, que puso las pilas –aunque solo fuese por un rato– a nuestra indolente clase política constitucionalista sobre la extrema gravedad de lo que sucedía en Cataluña.

No menos exigible es recordar que Ciudadanos, lejos de estar al margen, fue el partido que tuvo la disparatada idea de invocar el artículo 155 no para suspender y someter a la Administración autonómica en rebeldía a largos años de cura constitucional, sino para convocar inmediatas elecciones autonómicas que liberasen a Rajoy de la desagradable y penosa obligación de hacerse cargo de esa parte de España.

Iniciada en marzo la que denominé "tercera fase" del procés con la conformación del previsible nuevo Parlamento golpista, también tuvo que ser la formación que lidera Santiago Abascal la que se querellara contra Torrent y la Mesa de dicha cámara por la tramitación de la reforma de la ley que pretendía la investidura de Puigdemont a distancia. 


Ciudadanos, por su parte, se limitaba hasta hace nada a pedir que ese Parlamento, claramente en manos de lo secesionistas, "controlara" a TV3, so pena de tener que hacerlo el Senado. Eso, por no recordar que Ciudadanos sigue siendo una formación que defiende las competencias autonómicas en la educación, así como una mayor financiación de nuestras Administraciones regionales a pesar de ser las mejor dotadas, comparativamente, de toda la OCDE.

Puede que Albert Rivera ya no sea el lamentable continuador de Rajoy que me ha venido pareciendo en los últimos años. Pero sigue teniendo una irresolutiva empanada mental, como evidencia su más reciente ocurrencia de mostrarse favorable tanto del restablecimiento como a la suspensión de la Administración catalana en aplicación del artículo 155. 


Grave es que la disparatada aplicación del 155 no haya significado nada, tal y como era perfectamente previsible. Pero no es menos grave e irresolutivo que su aplicación pueda significar cualquier cosa.

17 mayo 2018

Año XV - Nº 1088

El pacto educativo no tiene quien lo llore

Editorial
Alfa y Omega


Fracasado el pacto educativo, la enseñanza seguirá siendo una materia que legislar por el Gobierno de turno según sus preferencias.

No es una buena noticia para nadie el fracaso del intento de lograr por fin una ley de enseñanza de amplio consenso en España.

La subcomisión parlamentaria del pacto educativo puso fin formalmente a sus trabajos el lunes. A consecuencia de la retirada de las sesiones del PSOE, Podemos y los grupos nacionalistas, faltaba la mayoría necesaria para prolongar las sesiones como pretendían el PP y Ciudadanos. 

En un clima político cada vez más prelectoral, ha primado el interés partidista y cortoplacista, frente a la necesidad de poner fin a la anomalía de que la educación sea continuamente objeto de disputa entre los partidos.

La Iglesia apoyó los intentos de acuerdo. Se sumó activamente a través de la mesa eclesial para el diálogo educativo, que aglutinó a los distintos actores católicos implicados en la la materia, como Escuelas Católicas o la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA). 

La voluntad de contribuir al acuerdo era sincera, más allá de que un objetivo esencial de esta alianza fuera defender la asignatura de la Religión y los conciertos educativos. Seguramente ahora, ante el cariz que tomaron algunas propuestas con respeto a esas materias, no faltará quien, en privado, suspire de alivio por el fin de los trabajos de la subcomisión parlamentaria. Sin embargo, el fracaso del pacto educativo no beneficia a nadie, menos aún a los católicos. 

Aquel acuerdo solo era posible desde la premisa de una ley ampliamente inclusiva, desde los principios del derecho universal a la educación y la libertad educativa reconocidos en la Constitución y en los principales tratados internacionales de derechos humanos. Justo lo que pide la Iglesia. 

Fracasado el pacto, la enseñanza seguirá siendo una materia a legislar por el Gobierno de turno según sus preferencias ideológicas particulares. A menos que la próxima vez que una mayoría parlamentaria intente reformar la ley se encuentre con una amplia contestación por parte de la sociedad y de la comunidad educativa. 

Una hipótesis poco probable, a la vista de la indiferencia generalizada con la que ha muerto de inanición el pacto educativo.

Eutanasia, un paso degradante

Cardenal Antonio Cañizares
Religión en Libertad


Hace unos días el PSOE nos ha sorprendido con la presentación de una propuesta legislativa sobre la eutanasia. Llama la atención que, años atrás, este mismo partido renunció a otro proyecto sobre el mismo tema. 

Lo retiró con gran cordura y gran sentido común y sentido de humanidad, usando en todo caso la razón. Parece que tal cordura y sentido común no lo han tenido en cuenta ahora.

Me referiré primero al contexto en el que se plantea el tema, trataré después de precisar de qué hablamos cuando decimos «eutanasia» y de ofrecer, al tiempo, criterios morales sobre la eutanasia, para pasar a una reflexión oportuna sobre leyes civiles y ley moral y finalizar con unas anotaciones prácticas para nuestra actuación y una conclusión, a modo de resumen.

No conozco el texto de la propuesta que hace el PSOE no sólo en el parlamento nacional sino también el algún otro parlamento autonómico. Sólo conozco por los medios de comunicación que hay un interés en legislar sobre esto. Y anticipadamente a lo que suceda y se legisla, hago una reflexión y ofrezco a todos cuál es la posición de la Iglesia sobre el tema. Cuando me llegue el texto o la propuesta ya me definiré sobre él. Entre tanto aquí tienen lo que como obispo puedo y tengo el deber de decir.

En el llamado mundo desarrollado hay quienes están librando una «lucha» por el reconocimiento social y legal de la eutanasia. Entre nosotros, el goteo propagandístico directo o indirecto en favor de la eutanasia, disfrazada a veces con la expresión de «muerte digna» o «muerte asistida», está siendo constante. Unos se sitúan en favor de esta «muerte digna», como si se tratase de un derecho fundamental. 

Otros, la mayoría, se oponen al reconocimiento de ese supuesto «derecho», pero son acusados de oscurantistas, de represores de la libertad, de impositores de una determinada moral confesional, de no respeto a la libre decisión, de insensibles al sufrimiento personal y al sentir cada vez más común y «moderno» de la sociedad.

Los defensores de la eutanasia están predisponiendo a la opinión pública con distintos y poderosos medios explícitos y subliminales en favor de aquélla. La forma con que se da la presentación de algunos casos y las informaciones que se ofrecen sobre el asunto en cuestión con frecuencia confunden, seducen y hasta, a veces, violentan la conciencia y la libertad de las gentes. Por ejemplo, se presenta este tema como si se tratara de algo ordinario, normal e, incluso, heroico, cuando en realidad no es así.

La Federación Nacional de Asociaciones de Lesionados Medulares y de Grandes Minusválidos, cuando estaba en el candelero aquel caso de una determinada película que representaba la apologética de la eutanasia, declaró expresamente que la inmensa mayoría de los discapacitados es contraria a la eutanasia. 

Hoy siguen teniendo la misma posición contraria a la eutanasia, como bien puede verse, por ejemplo, en los que son asistidos por el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo; ellos ni son ni se consideran a sí mismos como seres indignos de vivir o con una vida indigna de ser vivida; al contrario. Hay que escucharlos en su defensa y anhelo de la vida y no manipularlos.

Las campañas en pro de la eutanasia, entre otros procedimientos, suelen explotar el miedo al sufrimiento antes de la muerte y el atractivo de una muerte dulce que evite padecimientos, o la apelación al compasionismo desde una falsa visión del hombre. 

Lo cual es muy fácil, máxime en una cultura como la nuestra del bienestar y del disfrute, de la eficacia, que no tolera ni sabe afrontar y soportar el sufrimiento, al que ve como el mal por excelencia que debe ser eliminado. Por otra parte, la moralidad contemporánea tiende a poner el derecho a escoger o decidir por encima de cualquier otro valor. 

Encuentra, además, ofensiva la enseñanza tradicional sobre la «sacralidad» o inviolabilidad de la vida humana que ha formado parte del acervo moral común de las sociedades occidentales.

Esta perspectiva moral del «derecho a decidir» tiene muchas raíces y ramificaciones, pero sobre todo muchos efectos profundos. Ha insensibilizado a mucha gente, por ejemplo, hacia la maldad del aborto. Predispone también a muchos para que apoyen la eutanasia e incluso el suicidio, máxime si es «asistido». 

Conviene observar también que se suele presentar el reconocimiento social de la eutanasia como una novedad, como una «liberación» de la opresión ejercida por poderes «reaccionarios» sobre los individuos libres que, gracias al progreso y a la educación, van tomando conciencia de sus derechos y van exigiéndolos cada vez con mayor decisión.

Pues bien, hemos de recordar que la aceptación social de la eutanasia no sería ninguna novedad. En distintas sociedades primitivas, y también en la Grecia y la Roma antiguas, la eutanasia no era mal vista por la sociedad. Los ancianos, los enfermos incurables o los cansados de vivir podían suicidarse, solicitar ser eliminados de modo más o menos «honorable », o bien eran sometidos a prácticas y ritos eugenésicos. 

El aprecio por toda vida humana fue un verdadero progreso introducido por el cristianismo: así hay que decirlo haciendo justicia a la historia, a los hechos que no inventamos y que son tozudos.

Ante la campaña sin duda organizada por sus corifeos, más aún ante este asunto objeto de la campaña, es necesario tener conceptos claros y utilizar un lenguaje adecuado. 

El lenguaje, en efecto, no es nunca neutral. Lo mismo que se hace con el aborto, al que se le denomina eufemísticamente «interrupción voluntaria del embarazo» para no decir que se trata de la eliminación violenta de un ser humano no nacido, así también con respecto al tema que nos ocupa, el de la eutanasia, se usa una terminología que confunde: se habla de «morir con dignidad», «muerte digna», «muerte dulce». 

Existe toda una retórica de la «buena muerte», que eso significa literalmente eutanasia. Pero seamos serios y no juguemos con el lenguaje, que es jugar con la sociedad, con el hombre. La eutanasia, se diga lo que se diga, es destructiva y degradante, antihumana.

Publicado en La Razón el 16 de mayo de 2018.

El casoplón de La Gente

Daniel Rodríguez Herrera
Libertad Digital


Utilizar al Estado para quedarse con lo que roban a otros está en su ADN.

A juzgar por el jolgorio podemita de las redes sociales, Albert Rivera es un sinvergüenza a sueldo del IBEX 35 por comprar un chalet en Pozuelo por un millón de euros, pero Pablo Iglesias e Irene Montero son héroes del proletariado por comprar el suyo en La Navata por sólo 600.000. 

Entiendo que, después de años de críticas de Podemos y de su líder a los ricos en general, a la casta política en particular y muy concretamente a quienes se compraban inmuebles caros como el exministro De Guindos (que se gastó en un ático lo mismo que se va a gastar Iglesias en su chalet), a algunos les pueda parecer una ligerísima muestra de hipocresía. "Que la política económica la dirija un millonario es como entregar a un pirómano el Ministerio de Medio Ambiente", concluía el macho alfa. Y no digamos nada de lo que han dicho de los bancos y el sistema financiero estos señores que ahora han pedido una hipoteca de más de medio millón de euros.

Lo que no puede hacer nadie es sorprenderse. El comunismo nunca ha sido un régimen pobrista en el que los dirigentes viven como el último de los campesinos. Al contrario, la práctica en todos los países donde se ha implantado ha sido la de separar por completo a una mayoría, que vive en la miseria, de los dirigentes de Partido –porque sólo hay uno–, que viven como pachás. Eso es y ha sido siempre la extrema izquierda. 

Cuando protestan contra la desigualdad, nunca se incluyen en los afectados por el "¡Exprópiese!". Utilizar al Estado para quedarse con lo que roban a otros está en su ADN.

La ventaja de pertenecer a la izquierda encantada de conocerse es que nada de lo que hagas te supone un problema moral: tú ya eres bueno porque te preocupas por los pobres y los oprimidos, mientras aquellos que piensan distinto son unos egoístas que sólo miran por su propio interés. Y como tú eres el bueno y los demás son los malos por no pensar como tú, lo que hagas en el fondo no importa demasiado. 

El éxito de la izquierda no estriba en que mejore las vidas reales de los ciudadanos reales, sino en que sirve como salvoconducto moral. De este modo, la pareja revolucionaria puede vivir como la más convencional de las familias burguesas de clase alta sin tener que renunciar a la conciencia de clase de una clase que no es la suya.

Pablo e Irene, Irene y Pablo, tendrán en unos meses un par de niños sin el menor respeto por la paridad, con los que vivirán en un chalet de lujo en las afueras de Madrid. Viajarán a la capital en un Toyota híbrido de esos cuyos anuncios parecen de la campaña electoral de Podemos. 

Los llevarán a un colegio público que, según ellos mismos, es mucho mejor que los colegios públicos donde la plebe lleva a sus hijos, sin que se les ocurra que igual eso de que el pueblo pague impuestos para que los ricos como ellos tengan mejores colegios no parece muy social. 

Se irán de vacaciones a destinos más exclusivos (léase caros) para no tener que relacionarse con personas de una clase social muy inferior a la suya. Y aunque sus corazones sangran por los más desfavorecidos, tener la misma vida burguesa contra la que han hecho su carrera política no les parecerá hipócrita o contradictorio. Porque son de izquierdas, y son los buenos.

14 mayo 2018

La hispanofobia rampante

Hermann Tertsch
ABC


¿Cómo es posible que la televisión pública RTVE envíe a un concurso europeo a representar a España a dos niñatos que solo han llamado la atención por sus ganas de insultar a España? ´

¿Cómo es posible la investidura en una región española de un presidente cuyo único bagaje conocido es su lista de insultos a España y delirantes desprecios racistas? 

¿Cómo se permite romper la Constitución en la tribuna del Parlamento? 

¿Por qué felicita el presidente del Senado a una energúmena que insulta y calumnia a España sin jurar la lealtad como debe para acceder al cargo? 

¿Por qué unos inmigrantes argentinos metidos aquí en política pueden insultar a España y profanar públicamente su bandera, cuando un español que hiciera eso en Buenos Aires sería cuando no linchado, sí procesado y expulsado?

Cuenta Elvira Roca que en 1650 los españoles conocían bien la sarta de mentiras fabricadas para dañar a España por sus grandes enemigos. Y eran conscientes de que se trataba de falsedades con intención política. Lo grave es que, tal como señala la autora de «Imperiofobia y Leyenda Negra» (Ed. Siruela), en 1750, un siglo más tarde, los españoles ya se creían y difundían como ciertas aquellas mentiras. Y se hablaba mal de España para significarse personal y socialmente. En la corte, las elites y quienes les eran cercanos promovían falsas informaciones para desprestigiar a España. Se magnificaban problemas y ocultaban éxitos. Inmensas gestas eran ridiculizadas. Reveses menores tornaban en catástrofes. Todo invenciones de fuerzas extranjeras, entonces especialmente de Francia, que pujaba por relevar a la dinastía austriaca por una francesa, como en efecto consiguió.

Desde entonces cuestionar a España ha sido hábito, moda e interés. En las clases superiores que se elevan por encima de los demás con ese desdén hacia España. Solo las clases populares han mantenido una relación natural de lealtad a la nación española. Por eso fue capaz de defenderse en 1808, dio una lección a Napoleón y ejemplo al mundo. Las elites han mantenido siempre esa relación enferma con la nación. Y quien ha querido ser elite las ha emulado.

Esta perversión tuvo dos graves escaladas. Una fue la invención decimonónica de los nacionalismos vasco y catalán. A remolque de la tóxica e irracional moda alemana, los intelectuales llevaron el antiespañolismo hasta el extremo de la invención de nacioncitas para proseguir en la península la descomposición de la España americana. La otra se produjo como efecto posterior a la guerra civil y la dictadura. La izquierda identifica a la nación con la dictadura y convierte su odio a esta en odio a aquella. 

Así surge la actual furia antiespañola de la izquierda española y su alianza con las fuerzas hispanófobas nacionalistas. Quizás haya llegado el momento de poner pie en pared. Y de exigir a los gobernantes que persigan las ofensas a la nación española o se aparten porque no cumplen con dignidad. No se puede defender la seguridad, la libertad y la integridad si no se sabe defender y exigir el respeto.

La hora de los traidores

Luís Herrero
Libertad Digital


La decisión del Consejo Político de la Cup de abstenerse en la segunda votación del debate de investidura es una pésima noticia. 

Visto y oído lo que se ha hecho y se ha dicho en las últimas horas, lo mejor, es decir, lo menos malo que podría haber pasado es que los militantes anticapitalistas le hubieran puesto bola negra a Quim Torra. 

En tal caso ya estaríamos asistiendo a los preparativos de otra campaña electoral, abocada -si el CIS catalán no ha pifiado los pronósticos de su última encuesta- a complicar todavía más el panorama político. No es una contradicción. Por paradójico que parezca, cuanto peor esté el patio, mejor para España.

Descartado lo óptimo (un Gobierno constitucionalista con fuerza parlamentaria suficiente para desatar los nudos de la red sediciosa tejida por los separatistas durante décadas), lo ideal hubiera sido que Rajoy se quedara sin margen de maniobra para seguir practicando vergonzosos numeritos escapistas. 

Torra va a llegar a la presidencia de la Generalitat gracias a la pasmosa ayuda de un Gobierno que ha preferido permutar con el PNV la vigencia del 155 a cambio de la estabilidad presupuestaria, para mayor gloria de un presidente que quiere agotar la legislatura a cualquier precio y para desgracia de los intereses de la nación española.

Una vez perpetrada la felonía, mientras el PP clama contra el discurso que el candidato pronunció en la primera sesión del debate de investidura, Rajoy se hace fuerte en el argumento de que a las personas no hay que juzgarlas por lo que dicen, sino por lo que hacen. Si todos utilizáramos esa vara de medir, que por otra parte es la correcta, hace mucho tiempo que el presidente del Gobierno estaría leyendo el Marca en el balneario de La Toja. 

Rajoy, claro, no puede decir que el President designado por Puigdemont y habilitado por él va a devolver a Cataluña a la misma situación que exigió la aplicación del 155.

Aunque se haya comprometido a restablecer la vigencia de las leyes de desconexión. Aunque se declare partidario de cumplir el mandato rupturista del 1-O. Aunque prometa una Constitución Republicana. A pesar de tanta evidencia, Rajoy no puede decir -sin presentar antes su dimisión- que lo que él ha hecho hasta ahora no ha servido para nada. No tiene más remedio, en un absurdo ejercicio de voluntarismo hipócrita, que asegurar que a Torra se le va la fuerza por la boca. 

Pero no es verdad. Y si lo fuera no sería por la eficacia de las decisiones que ha tomado el Gobierno de España en aplicación del 155, que tienden a ser pocas o ninguna, sino por el miedo a la cárcel que inspira la acción de la Justicia. El Tribunal Supremo hubiera actuado exactamente igual aunque el dichoso artículo hubiera brillado por su ausencia.

Si la CUP hubiera devuelto a Torra al corral, ahora no estaríamos a diez minutos de ver en el poder autonómico a un Gobierno, con pleno dominio del entramado institucional, dispuesto a empezar la legislatura con el célebre "decíamos ayer" que acuñó Fray Luis de León tras su paso por la sombra. En lugar de eso, estaríamos encaminándonos a un proceso electoral que hubiera sumido a los independentistas en un lío de tres pares de narices. 

A pesar de la reválida de la mayoría absoluta, Puigdemont ya no podría imponer su ley de líder hegemónico a Junqueras y ambos estarían a merced de los radicales anticapitalistas, que después de haber triplicado su fuerza parlamentaria actual podrían dictar normas de obligado cumplimiento a sus compañeros de viaje.

Su concurso sería necesario para todo. Sin su visto bueno no podría haber ni candidato ni programa. Así que una de dos: o se hubieran tirado los trastos a la cabeza, haciendo inviable cualquier acuerdo entre ellos, o hubieran alcanzado uno tan delirante, en términos de desafío al Estado, que Rajoy no hubiera tenido más remedio que prolongar la aplicación del artículo 155 a pesar de todos sus pesares. 

No hubiera tenido ninguna otra opción, salvo la de aguardar en su despacho la llegada de la guardia civil, con mandato judicial bajo el brazo, para ser conducido a la cárcel de Estremera por la comisión flagrante de un delito de traición al Estado. No hay decisión más fácil de tomar que la que no admite alternativas. La inevitabilidad es el único motor que mueve a los indolentes. 

Sin él, Rajoy ha permitido que la sedición regrese a la sala de máquinas del Palau de la Generalitat. Que la historia se lo demande.

El Papa apaga fuegos

Santiago Martín
Católicos ON LINE


Los teóricamente amigos del Papa, siguen dando qué hablar y le siguen dando problemas al Santo Padre. 

Problemas que luego él tiene que afrontar y que le generan no pocos enemigos, porque es en su cuenta donde se cargan las facturas de los platos rotos por los demás.

Esta semana, por ejemplo, el cardenal de Bruselas se ha descolgado con unas declaraciones a favor de la bendición, mediante una oración de acción de gracias nada menos, de las uniones homosexuales. Como no podía ser de otro modo, muchos han protestado y no pocos han cargado contra el Papa como si éste estuviera de acuerdo con ello.

Además, ha estado lo del desfile de moda en el Metropolitan de Nueva York, utilizando paramentos sagrados. No sé quién habrá sido el insensato que lo ha autorizado, pero es escandaloso que se hayan empleado incluso reliquias -las casullas utilizadas por San Juan Pablo II- y grandes obras de arte -la tiara regalada por la reina Isabel II de España al Papa- para un uso que no tiene nada que ver con el auténtico y original. Una vez más, el Papa -que estoy seguro que no ha tenido nada que ver- ha sido el que ha cargado con las culpas.

Ante todo esto, cada vez se alzan más voces de protesta. Por ejemplo, esta semana ha hablado con mucha claridad el cardenal holandés Eijk, lamentando que el Santo Padre no zanjase con claridad lo de la intercomunión con los protestantes, en lugar de remitir el problema a Alemania para que se encontrase una solución que contentara a todos. Voces que no son sólo internas, puesto que cada vez son más los medios de comunicación que se refieren a la Iglesia como una comunidad en abierta guerra civil y en la que el cisma es cuestión de tiempo que se produzca.

El Papa todos esto lo sabe, porque está bien informado, y esta semana parece como si se hubiera dedicado a ejercer de bombero de los incendios que prenden sus amigos. Si la semana pasada el cardenal Marx (íntimo suyo) alababa el marxismo, esta semana el Papa -que ha prologado un libro de Benedicto XVI que acaba de ser publicado- señalaba los defectos del marxismo, al menos en lo concerniente a su negación de Dios. 

Además, si hace tiempo dijo que todos somos hijos de Dios, con lo que se ganó el reproche de algunos y las matizaciones de otros -entre ellos, yo, que dije que el Papa hablaba así usando un lenguaje coloquial y popular, pero que propiamente dicho eso sólo se podía afirmar de los bautizados-, esta semana ha sido él el que ha recordado la doctrina oficial de la Iglesia afirmando claramente que es por el bautismo que nos hacemos hijos de Dios para siempre.

Además, consciente de que los críticos hacia su forma de gobernar la Iglesia aumentan, ha hecho un acercamiento significativo a dos grandes movimientos, los neocatecumentales y los focolarinos. Los primeros, quizá menos próximos a él, celebraban su cincuenta aniversario y el Papa ha querido sumarse al festejo e incluso enviar familias misioneras. Los segundos, más próximos a él, pero también muy cercanos a los Papas anteriores, han escuchado de su boca grandes elogios.

Hay que rezar por el Papa, para que sea él quien gobierne la Iglesia, pues es él el que ha recibido la gracia para hacerlo, y no sus amigos, que le están presionando para que apruebe cosas que él no quiere aprobar o, al menos, para que las tolere y se presenten luego como hechos consumados.