11 agosto 2017

Potenciar el laicado, reinventar la parroquia

Editorial
Alfa y Omega

Más que una asamblea al uso, el Encuentro de Laicos de Parroquia que acoge Santiago del 3 al 6 de agosto (precedido de la peregrinación que arranca este viernes) va a aportar los instrumentos para una renovación del papel del laicado y de la propia parroquia. 

La cita será seguida con gran atención desde otros países. Porque la Acción Católica General (ACG) española ha sido históricamente un referente. Y porque desde hace varios años trabaja de cerca con los obispos en unas líneas de actuación que han resultado encajar a la perfección con la «conversión pastoral» que impulsa el Papa Francisco.

La ACG aspira a transformar la dinámica de las parroquias, ofreciendo itinerarios de acompañamiento y formación a los laicos e impulsándolos a la misión, en forma de compromiso en el barrio, en el trabajo, en la política… Sin dejar de ser el lugar en el que se dispensan los sacramentos (pero no solo para que acudan los de siempre), la parroquia se concibe como epicentro de una Iglesia en salida que busca «sin miedo» el diálogo con la sociedad, como pedía el Papa a la AC italiana a finales de abril. 

Se trata de un planteamiento –acababa de exponer Francisco ante los participantes en el II Congreso Internacional de la AC– que no es para unos pocos «exclusivos», ya que «todos tienen derecho a ser evangelizadores», cada uno en su propio ámbito.

La renovación implica, por un lado, una conversión personal y un cambio de actitudes, también en forma de cierta desburocratización y desclericalización de las parroquias. La ACG va a animarlos desde Santiago a repensar qué están haciendo y cómo, para ganar en cercanía a las personas y en eficacia evangelizadora. 

Sobre la mesa está también la propuesta de que cada parroquia tenga su grupo de AC, similar al de Cáritas. No se trata de repartir carnés de socio ni de entrar a competir con otras realidades asociativas, sino de darle al apostolado seglar el protagonismo que los tiempos demandan. 

Pero para que este proyecto realmente salga adelante hará falta después el apoyo decidido de los obispos y los párrocos. De lo contrario, el encuentro de Santiago quedará solo en bonitas palabras.